Uno de los principales índices utilizados para medir la inflación en el país, el IGP-M (índice general de precios - mercado), se ha disparado en los últimos meses tras la subida del dólar.

La nueva política monetaria del país, que busca mantener bajas las tasas de interés y en un momento en que el consumo era supuestamente bajo, devalúa la moneda local, haciendo que el entorno sea perfecto para exportar, pero terrible para el consumo.

Muchos de los productos que forman parte de la canasta del consumo de los brasileños han sufrido cambios inusualmente altos. El valor del arroz, que antes de la pandemia costaba R$ 8, ahora se encuentra por R$ 30 en los estantes del mercado.

Según Mauro Rochlin, economista de la Fundação Getúlio Vargas (FGV), el gran villano es el dólar. "El tema del tipo de cambio es fundamental", dice el profesor, al explicar que la apreciación de la moneda estadounidense afecta directamente a las commodities, que son productos que se venden internacionalmente. "Las materias primas se basan en el dólar. Esto explica no solo el precio del arroz, sino también de los derivados de la soja y otros productos", agrega.

Por el momento, todos los bancos centrales parecen estar tomando acciones mal consideradas, ya sea adquiriendo más deuda, inyectando más dinero en el mercado o manteniendo las tasas de interés excesivamente bajas. En todos los casos, no parece haber ni siquiera un gobierno preocupado por los inversores o ahorradores, que ven caer en picado su poder adquisitivo. Más que nunca, los inversores deben buscar activos deflacionarios, como el oro o Bitcoin, para proteger su poder adquisitivo a largo plazo.